viernes, noviembre 19, 2010

Montevideo con mis ojos

Montevideo es una ciudad pequeña...
Una ciudad de pequeños placeres cotidianos...
Una ciudad con olores, con sabores, con colores...
Basta con agudizar los sentidos para vivir Montevideo...
Esta ciudad te llama donde quiera que estés, te aprieta el pecho, te susurra al oído y te invita a volver...
Volver a sus calles empedradas, a sus tambores retumbando en las esquinas, al olor a mar, a café, a pasto recién cortado...
Volver a sus atardeceres caleidoscópicos, al cielo celeste, al calor del verano y al frio del invierno...
Montevideo tiene grandes pequeñas cosas...
Tiene antes que nada montevideanos...
Tiene rondas de mate y de guitarra en el parque, en la plaza, en la playa...
Tiene vecinos con nombre y apellido que comparten charlas sentados en sus sillas en la vereda...
Montevideo es muy subjetiva...
No se caracteriza por nada en particular, sino por todo en general...
Y las versiones de esta ciudad dependen del interlocutor...
Si me preguntan qué hay que vivir en Montevideo, puedo enumerar lo que a mi entender es imprescindible...
Caminar por la rambla con el mate abajo del brazo...
Un atardecer en la playa...
El desfile de llamadas o los ensayos de las cuerdas de tambores...
Una noche de tango en Fun-Fun tomando un uvita...
Una tarde de prado o de parqué rodó...
La feria de Tristán Narvaja...
Un asado en el mercado del puerto acompañado de un medio y medio...
La vista desde el cerro de Montevideo...
Pasear en omnibús sin un destino predeterminado...
Comer un chivito...
Tomar un café en algún barcito de barrio...
Las grapas y cañas con gustos de los Yuyos...
El puertito del Buceo por la noche...
Y la lista es muy larga, y si le preguntan a otro montevideano quizá coincidamos en muy poco...

Y eso es lo maravilloso de esta ciudad...
Que cada uno la vive como quiere...